miércoles, 21 de diciembre de 2016

Quiero Creer (2/11/2016)

Quiero creer. Es más, he decidido creer. A pesar de lo que en mi opinión fue un mal manejo comunicacional de la MUD sobre su estrategia, he decidido que merece por lo menos una oportunidad más.
Empecemos por reconocer algo: a nadie le gusta que le cambien la seña a última hora. Creo que todo este "revuelo" no se estuviera dando si desde un principio se hablaban de tres frentes. 1. La calle, 2. El institucional o la AN y 3. El diálogo. Hay que estar claros, ya estábamos sentados en esa mesa desde que llegó el representante del Vaticano. Reconozco y hasta cierto punto comparto el disgusto de muchos por las decisiones tomadas recientemente después de que hace una semana el discurso era otro; creo que ahí radica el problema. 
Habiendo dicho esto, debemos reflexionar sobre nuestra madurez política. Confieso que inicialmente (y a veces tengo "replicas" de esto) sentí que habíamos tirado todo a la basura y que lo que siempre he defendido a capa y espada, de pronto se convertía en lo indefendible. Pero luego de respirar profundo, pensar en frío y leer a unas cuantas "plumas" más diestras que la mía, entendí que, de esto que estamos viendo, es que se trata la política, con P mayúscula por cierto; kudos a Natasha Quintana
Cuando hablo de madurez política me refiero a que tenemos que entender que la política puede ser en momentos (y más aún en nuestro país) supremamente dinámica, que está en constante cambio. Solo aquellos que están inmersos en ella entienden lo difícil que puede ser tomar decisiones y comunicarlas debidamente a quienes no lo están (vuelvo y repito: aquí estuvo el error). Que la política no se trata de hacer y decir lo que la gente quiere hacer y escuchar, eso sería demagogia, y eso lo aprendí a cabalidad de la mano de uno de los que esta poniendo su cuello en este diálogo. Es hora que entendamos que por el bien de generaciones futuras, este dialogo tiene que por lo menos haberse intentado (si, una vez más). Me cuesta creer que la gente prefiera salir a la calle a "ver que pasa" o a "ir a Miraflores" (sin una estrategia verdaderamente clara) contrario a tratar de llegar a una salida donde todo pueda resultar en beneficio de todos. Este esfuerzo jamás puede reprocharse. 
Quienes me conocen saben que siempre he dicho que para salir de esto debemos hacerlo desde los principios de reconocimiento del otro y de un espacio de inclusión a la contraparte. Créanme cuando les digo que cuando esto pase, ese otro pedazo del país con el que no compartimos ideales seguirá estando ahí, no van a desaparecer mágicamente. Es más, deben tener su espacio para garantizar la estabilidad. ¿O es que acaso nos vamos a convertir en ellos? Espero que no. 
Es por esto que sentarse en esa mesa es valido. Porque al hacerlo y cuando recuperemos las riendas de este "caballo desbocado" vamos a poder voltearnos a esa parte del país con claridad y sobretodo honestidad y ganarnos su apoyo. Es muy probable que tilden esto de "idílico" o "utópico" pero es a lo que debemos apuntar.
En conclusión: si, manejaron terriblemente la comunicación sobre la estrategia y los tiempos de los discursos, pero opino que bajo ningún concepto esto debe implicar la satanización de quienes hasta hoy han llevado las riendas de lo que esperamos se convierta en el cambio que todos queremos. Tengamos la confianza que en el momento que el gobierno no cumpla con lo acordado, y sobre todo EN EL TIEMPO ACORDADO, se reactivaran los otros dos frentes que si controlamos: la AN y la calle, además con la garantía frente a la comunidad internacional de que se hizo todo lo que se pudo en la mesa. No perdamos de vista al enemigo real, a ese enemigo que hoy tiene al país sumergido en inseguridad, insalubridad, desabastecimiento y sobre todo en guerra con nosotros mismos. Se que cuesta, pero creamos y confiemos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario